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Desarrollo de bioetanol de segunda generación, a partir de biomasa «no alimenticia»

YPF e INDEAR acordaron desarrollar soluciones tecnológicas para la producción de bioetanol de segunda generación que, a diferencia de la primera generación, se obtendrá a partir de la conversión de azúcares fermentables provenientes de la lignocelulosa de desechos agro-forestales.

Indear, el Instituto de Agrobiotecnología de Rosario, integrante del Grupo Bioceres, trabajará en el desarrollo de plataformas tecnológicas para la producción de enzimas, mientras que YPF, la principal empresa de energía del país, aportará su experiencia en la caracterización del producto obtenido y en la selección de las tecnologías que, a nivel industrial, se encuentren disponibles para su implementación.

El acuerdo contempla la puesta en funcionamiento de una plataforma de producción de enzimas celulolíticas basada en un cultivo agrícola específicamente diseñando para tal fin. De esta manera, se dispondrían de los volúmenes necesarios de un insumo central para el funcionamiento de las primeras bio-refinerías de alta escala.

Alimentos vs. biocombustibles

El bioetanol de primera generación se obtiene de la fermentación y destilación de cultivos, que en su mayoría tienen destino alimentario, como los sacaríferos provenientes de la caña de azúcar, la remolacha y frutas en general, o los amiláceos, de granos, papa o batata.

El aumento proyectado de la demanda mundial de alimentos para las próximas décadas presenta una disyuntiva ineludible en la elección de estos cultivos como materia prima para la elaboración de biocombustibles.

Biomasa «no alimenticia»

Como solución a este dilema se presenta la posibilidad de utilizar biomasa tradicionalmente «no alimenticia» para la producción de bioetanol lignocelulósico (segunda generación) mediante el uso de enzimas, que con la aplicación de biotecnología hacen posible la obtención de azúcares fermentables de materias primas de menor costo, como los desechos de cultivos: bagazo, paja, chips de madera, rastrojos, etc.

Se estima que para 2030 el 4% del combustible automotor mundial será bioetanol de segunda generación, cifra que demandará el 10% de los residuos agrícolas y/o forestales para su producción.

La posibilidad de producir bioetanol de segunda generación trae aparejado entonces un desafío tecnológico condicionante: la conversión eficiente de lignocelulosa en azúcares fermentables.