viernes 01 de julio del 2022

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Crece el número de malezas resistentes: 42 y se suman 4 por año

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Con la incorporación de Digitaria Sanguinalis resistente a glifosato, la lista de malezas resistentes sigue extendiéndose año a año. Actualmente, existen 42 biotipos con resistencias, tanto simples como múltiples, es decir que corresponden a más de un principio activo.

De esta forma, la Red de Manejo de Plagas (REM) de AAPRESID inicia un informe sobre plagas y resistencia, las perspectivas a futuro y el foco puesto en retrasar su aparición. El documento se elaboró mirando hacia el 30° Congreso de la entidad, que precisamente tiene como lema “A suelo abierto”.

Situación en Argentina

“Las gramíneas presentan la mayor cantidad de biotipos resistentes, en comparación con las latifoliadas, aunque Conyza spp. es la maleza más problemática por el momento, con mayor presencia y área de dispersión en el territorio y con resistencias múltiples. En cuanto a principios activos, el glifosato es el que mayores casos de resistencias y tolerancias presenta, seguido por los graminicidas, ALS y hormonales”, expresa el informe de la REM.

Por año aparecen en promedio cuatro nuevas resistencias. Si bien este número es alarmante, hay un hecho aún más preocupante, y son las multirresistencias. En nuestro país hay pocos casos de éstas últimas, pero la problemática no es lejana. En Brasil ya se encontraron biotipos de Conyza resistentes a 5 sitios de acción, lo cual significa una gran complejidad en su control”, alerta el documento.

Enfermedades, el enemigo silencioso

“En Argentina ya existen casos comprobados de resistencias de enfermedades a fungicidas y otros continúan en estudio. En trigo, Marcelo Carmona y Francisco Sautua, fitopatólogos de FAUBA, confirmaron el primer reporte en América del Sur de la resistencia de Drechslera tritici-repentis (mancha amarilla) a estrobilurinas”, se explica.

También se hace referencia a los cultivos estivales como parte del problema. “Como resultado de un relevamiento de 500 muestras provenientes de gran parte del país -desde el sudeste de Buenos Aires hasta el NOA-, Carmona y Sautua encontraron que el 100% de las poblaciones de Cercospora spp. eran resistentes a estrobirulinas. Un detalle no menor es que este grupo químico se usa desde hace más de 20 años en nuestro país para el control de este patógeno. ¿Coincidencia? Lamentablemente, en la biología no hay coincidencias”, se preguntan y al mismo tiempo se responden los profesionales que elaboraron el informe.

Insectos: el costo oculto de no hacer refugios

El trabajo de la REM detalla que en “en el caso de los insectos, las resistencias observadas no son a insecticidas foliares, sino a los eventos genéticos insecticidas que fueron incorporados a los cultivos. En el caso de maíz, se confirmó la resistencia de Spodoptera frugiperda (gusano cogollero) a la proteína Cry1Ab y se observa una reducción en la eficacia de control en Cry1A105 y Cry2Ab, mientras que las proteínas del tipo Vip aún conservan su poder”.

Por otro lado, la problemática es creciente en la soja Bt. Esta también tiene proteínas insecticidas del tipo Cry y en las últimas campañas se detectaron fallas de control para las especies Rachuplusia nu (medidora) y Chrysodeixis includens (falsa medidora). Cabe mencionar que en el cultivo de algodón, en donde también hay eventos Bt del tipo Cry1Ac, se observaron fallas de control a campo en Pectinophora gossypiella (gusano rosado).

“En transgénicos, el uso de eventos es similar a si hubiéramos aplicado el mismo insecticida todos los días durante todo el ciclo del cultivo. Debido a esto, la presión de selección es muy elevada, y de no implementar “como se debe” las medidas preventivas, como los refugios, el problema de las resistencias es un voto cantado. Por otro lado, al igual que en el caso de los patógenos, la investigación en la confirmación de resistencias es escasa en el país”, finaliza en este apartado.

Uno de los aspectos que desde el informe se deja en claro, es sencillamente que cuando se habla de resistencias no se puede decir que se va a detener su avance, solo retrasar su aparición.

“La realidad es que la generación de resistencia es un proceso inherente de cualquier ser vivo, y si siempre se le plantea el mismo escenario, la plaga – sea maleza, insecto o patógeno- busca la manera de adaptarse y la resistencia surge como mecanismo evolutivo. Entonces, la clave para retrasar el avance de la problemática está, puntualmente, en modificar sistemáticamente el escenario planteado”, indica, de manera simplificada y precisa, el trabajo de AAPRESID.

El verdadero impacto de las resistencias: el ambiental

En la edición 2021 del Congreso Aapresid, el Ing. Agr. Martín Marzetti disertó sobre la evolución del impacto ambiental de los principales principios activos utilizados a través del tiempo. “Antes de la tecnología RR y la siembra directa, entre un barbecho y una soja el control de malezas implicaba labranzas y el uso de productos como metribuzin y bentazon, entre otros. Post RR, el glifosato se convirtió en el producto estrella. Con la aparición de resistencias, al glifosato se sumaron la atrazina, 2,4 D, paraquat y cletodim. Esta evolución significó cambios a nivel del EIQ (impacto ambiental): antes del RR el EIQ estaba en 60, con el RR bajó a 40, pero con la aparición de la resistencia subió a 110”.

Ante tales datos, se plantea que dentro de las estrategias que permiten reducir estos valores es posible reducir la cantidad de principio activo utilizado a través de la Agricultura Siempre Verde. La Chacra Pergamino de Aapresid demostró que por medio de la intensificación con dobles cultivos, cultivos de servicios y pasturas se puede reducir el número de aplicaciones en un 50%. Por otro lado, las aplicaciones dirigidas permiten ahorros de producto de hasta un 70%, reduciendo el EIQ de 40 a 12. También puede reducirse la dosis utilizada, con el uso de nuevas formulaciones, aplicaciones de calidad y ajustes en el timming de los controles, es decir, sobre malezas de menor tamaño.

Por otro lado, es fundamental la elección de activos de menor impacto ambiental, Marzetti ejemplificó que usar glufosinato en lugar de paraquat significa bajar el EIQ en un 50%, de 12 a 6.

Aplicadas de forma integrada, las estrategias anteriores tienen aún más efecto.

Este será uno de los principales ejes que se desarrollará en el próximo Congreso de AAPRESID: volver a las bases del manejo integrado de plagas.

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