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Agroquímicos y Cáncer: encuestas e informes que “no tienen asidero”

  • Por Juan Carlos Vaca
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Muchas de las informaciones que se han difundido en los últimos tiempos referidas a incremento de enfermedades como el cáncer y su vinculación con las prácticas agrícolas y la utilización de agroquímicos “no tienen asidero”. Y, además, “no se puede hacer terrorismo estadístico”. Ambas afirmaciones fueran hechas por el doctor Martín Alonso, médico especialista en Oncología, actualmente Director del Hospital Oncológico Provincial, miembro del Servicio de Oncología del Hospital Privado y Presidente de la Fundación Oncológica Córdoba, durante uno de los paneles de debate que integraron el programa de una Jornada sobre Buenas Prácticas en la Aplicación de Fitosanitarios que se llevó a cabo en el Aeródromo Juárez Celman, a una decena de kilómetros de la ciudad de Córdoba.

El experto criticó la difusión que han tenido algunas publicaciones y encuestas que con ligereza sostienen que los agroquímicos podrían ser cancerígenos. En el organismo estatal cuya dirección ejerce las investigaciones que se conocen y las estadísticas con que se cuenta distan de confirmar aquellas aseveraciones.
Para resaltar el carácter de escasa o nula consistencia científica de esos materiales –aunque se trate de encuestas de universidades- recordando que fueron necesarios “muchos años” de las más serias investigaciones de organismos reconocidos y prestigiosos a nivel mundial para demostrar los riesgos del cigarrillo y su incidencia como factor causante de cáncer de pulmón.
El glifosato y los oncólogos
Señaló además, que “el glifosato no aparece en ninguna” de las preocupaciones de los especialistas en oncología ni figura “relacionado o como seguro causante de cáncer”. “Los agroquímicos –subrayó- no forman parte de la preocupación de la comunidad oncológica mundial”.
El doctor Alonso apuntó así a contrarrestar “un par de publicaciones en los diarios”. Aseguró que en la Dirección de Registros de Tumores de Córdoba la información y las estadísticas que se llevan, sumando muchos años de trabajo, lejos están de coincidir con las difundidas por esas publicaciones y cuestionó las metodologías utilizadas en las encuestas aludidas.
Precisó el concepto de “tasas ajustadas”, que son las que científicamente se emplean para poder realizar comparaciones entre dos realidades dispares, como podrían ser la del Congo y la Argentina, por citar un ejemplo. Sin ese rigor científico, esas realidades “serían incomparables”. Igual que cuando se trata de segmentos etáreos diferentes.
Terrorismo estadístico
Extendió ese criterio a los preceptos que deben ser observados para relevar una enfermedad en la provincia de Córdoba, en cuyo territorio y localidades, el índice que maneja el organismo para nada convalida lo que se ha divulgado. “No se puede hacer terrorismo estadístico”, enfatizó el doctor Alonso.
En relación a las encuestas difundidas sobre la localidad de Monte Maíz señaló que “la ha perjudicado enormemente”. “Hay una ética del estudio estadístico”, insistió, que obliga por ejemplo a “no vulnerar el derecho de la población estadística”.
En el mismo panel, se habló de la presencia de arsénico en las aguas de las provincias de Córdoba y Santa Fe. Por eso, la importancia de tomar en cuenta ese factor para resolver la provisión de agua a las poblaciones.
La Jornada en Juárez Celman
La reunión fue organizada de manera conjunta entre el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentos de la Provincia de Córdoba  y el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación.
Su organización tuvo por principal objetivo esclarecer acerca de algunas cuestiones candentes y desarrollar una demostración “in situ” de las “Pautas sobre aplicaciones de Productos Fitosanitarios en Areas Periurbanas”, un documento aprobado por el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, luego de un amplio y profundo trabajo desarrollado y consensuado entre organismos públicos y entidades del sector privado.
Sólo 100 y 200 metros de protección
Esas Pautas, establecen como “zona BUFFER o de amortiguamiento” (de protección) para la aplicación de agroquímicos en las superficies adyacentes a zonas pobladas, una distancia de 100 metros para las aplicaciones con máquinas terrestres y de 200 metros para las aplicaciones aéreas.
“Estas distancias recomendadas se podrán reducir a partir de la evaluación que realice el profesional actuante, en consideración a la tecnología disponible, las condiciones climáticas y el producto fitosanitario empleado””, puntualizan también las mismas Pautas.
Demostraciones terrestre y aérea
En el Aerodrómo de Juárez Celmán se hizo una demostración comprobatoria y de respaldo de las Pautas, para lo cual se marcaron con carteles y estacas las distancias mencionadas, colocándose además tarjetas hidrosensibles que se utilizan para marcar hasta dónde “deriva” una aplicación.
Las pruebas preparatorias se realizaron el día anterior a la Jornada, a media tarde, en que el viento soplaba a una velocidad que desaconseja, taxativamente, efectuar aplicaciones. El viento promedio fue de 28 kilómetros por hora con ráfagas de hasta 34 kilómetros.
Aún en esas condiciones adversas –que, como se apunta, no autorizan una aplicación- se hicieron las pruebas de pulverización aérea (con agua, esto es, sin producto fitosanitario alguno). La deriva, o sea la distancia máxima hasta dónde llegó la gota que más se alejó de la banda de terreno en la cual debería haber caído, fue de 80 metros (llegando apenas a quedar registradas en tarjeta hidrosensible, 2 gotas).
El trabajo se hizo con la auditoria de representantes del Colegio de Ingenieros Agrónomos, Grupos CREA, Facultad de Ciencias Agropecuarias de la UNC y de la UCC, de la Sub Secretaría de Fiscalización y Control de la Provincia y de la Comisión Asesora de la Ley 9164. Estando a cargo las tareas de organización y supervisión de las pruebas del ingeniero agrónomo Alberto Etiennot, catedrático y consultor de CASAFE (Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes) y del ingeniero agrónomo Rubén Massaro, del INTA (Estacion Oliveros), especialista en Protección Vegetal con énfasis en Manejo Integrado de Plagas en Soja y Tecnología de Aplicación de Plaguicidas con equipos terrestres.
Deriva aérea: no pasó de 20 metros
El día de la Jornada, se reprodujeron las demostraciones, esta vez introduciendo una máquina de aplicación terrestre, cuyo botalón estaba equipado con modernos dispositivos antideriva, hoy corrientes en este tipo de equipamientos (de hecho, es equipamiento básico último modelo de las máquinas que salen de fábrica).
Las condiciones climáticas difirieron sustancialmente de las del día anterior, porque las pruebas se efectuaron por la mañana, sin viento. El público asistente se ubicó a un costado de las pista. El avión agrícola hizo tres pasadas, a 40, 60 y 80 metros del lugar en que aquél se encontraba. La deriva máxima de las pulverizaciones aéreas “no pasó de 20 metros”, conforme pudieron constatar los presentes en las tarjetas hidrosensibles.
Máquina terrestre: a 5 metros del público
Luego se repitió el trabajo (tres pasadas) pero con la máquina terrestre. En este caso no hubo ninguna deriva, por fuera de la banda de aplicación. El público presente pudo observar estas aplicaciones realizadas con agua a cinco metros de distancia de la pulverizadora. (No se recomienda estar cerca de las aplicaciones pero en esta demostración los presentes si pudieorn hacerlo porque se efectuaron sólo con agua: ninguno de quiénes la presenciaron percibieron que los mojara alguna gota, cuando los organizadores les preguntaron si habían notado que eso pudiera haber ocurrido).
En suma, con las máquinas terrestres y aviones de que dispone la agricultura argentina, la tecnología con que se cuenta y los avanzados dispositivos que se han incorporado (estaciones meteorológicas que monitorean las condiciones ambientales), el riesgo de deriva está totalmente  (pondría) se disminuye casi en su totalidad controlado y, con mayor razón, cuando se observan las buenas prácticas de aplicación, tanto en condiciones ambientales como de uso de los productos.
Asistentes a la Jornada
El evento contó con la participación de funcionarios, técnicos y representantes gubernamentales, INTA, y del los Ministerios agropecuarios de Santa Fe y Buenos Aires; intendentes y concejales de varias localidades; legisladores provinciales; equipos de áreas ambientales y de salud de municipalidades; miembros de las Universidades Nacional de Córdoba y Católica, Defensoría del Pueblo, CEPROCOR, Ministerio de Salud, SENASA y diversas entidades del sector privado (de productores, técnicas y sectoriales).

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