14 toneladas de trigo por hectárea son posibles en 2 millones de has., se sostuvo en Jornada de ArgenTrigo

  • Por Juan Carlos Vaca
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Con el lema «Una apuesta a lo posible», la Asociación Argentina de Trigo (ArgenTrigo) llevó a cabo una jornada en la que diversos especialistas analizaron los desafíos y oportunidades que hoy enfrenta el cereal en nuestro país. El encuentro tuvo lugar el 1 de noviembre en la Bolsa de Cereales de la Ciudad de Buenos Aires.


La apertura estuvo cargo de Oscar Solís, Subsecretario de Agregado de Valor y Nuevas Tecnologías del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, quien destacó el importante rol del trigo para la producción del país. «La interacción público-privada es el camino que nos llevará a crear nuevas oportunidades para el cultivo, y tanto las puertas del Ministerio como las de la Subsecretaría se encuentran abiertas para la colaboración en todos los temas que podamos abordar en conjunto», afirmó.

 

La calidad es un tema central

Moderado por Fernando Cabona, de Bayer, el primer panel abordó el análisis de la calidad y las novedades tecnológicas. Miguel Di Rosso, gerente de la Cámara Arbitral de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, aseguró que para ganar confianza del mercado son necesarios lotes homogéneos de calidad garantizada. Para lograrlos se requieren análisis de calidad efectivos. «Lo ideal es saber qué tiene uno antes del almacenamiento, como mínimo en proteína y gluten, para no estar a ciegas al momento de vender», señaló.

 

«Nuestro trigo es competitivo a nivel internacional y, además, hay condiciones para seguir mejorando. Tenemos que hacer un trabajo fuerte en calidad pensando en las próximas generaciones», dijo Di Rosso y centró su mirada en el Informe Institucional del Trigo Argentino. «Es una herramienta que nació hace 14 años por la necesidad de nuestros compradores brasileños de contar con información veraz sobre la calidad de nuestros productos, algo que no estaba disponible hasta el momento», contó.

 

Entre las variables medidas a nivel nacional, Di Rosso mencionó las proteínas. Mostró datos que revelan que desde 1998/1999 hasta 2011/2012, el trigo argentino tuvo un promedio de 11% de proteína. Sin embargo, hubo años en que este valor se ubicó en el 8 o 9%. «La tarea es lograr un piso de proteína, hacer que el promedio siempre se ubique por encima del 9,5% para venderlo como trigo pan y no como trigo forrajero», apuntó Di Rosso. «Necesitamos lograr una homogeneidad en nuestros productos, ya que una de las principales críticas que recibimos como vendedores en el mercado internacional es esa falta de uniformidad. Tenemos barcos con 12% de proteína, y otros con 10, y lo ideal es que esos valores se acerquen, algo que se puede lograr con una adecuada fertilización», subrayó.

 

La fuerza panadera también fue señalada por el especialista como una de las variables que a nivel país está en niveles competitivos, pero con falta de homogeneidad. «En general, está en valores cercanos a 300, pero hubo años en que se ubicó debajo de 250 y hasta de 180», advirtió. El mismo planteo fue extendido por Di Rosso para el peso hectolítrico.

Nuevas tecnologías y 14 tns. por ha.

El tema de las novedades tecnológicas para el trigo fue tratado por Agustín Pontacuarto, de Don Mario, y Pablo Panza, de Syngenta. El primero puso el foco sobre las tecnologías que pueden esperarse hacia 2020. «La nueva genética es el motor de la mejora, que va a estar abocada a darle rendimientos superiores al productor», sostuvo.

 

Antes de entrar directamente en el tema, el hombre de Don Mario hizo un repaso por los principales hitos para el trigo en el país: la genética mexicana introducida en 1976, cuando los rendimientos eran de apenas 2 mil kilos; la genética francesa en 2000 y la nueva generación de 2005, con grandes expectativas para ambientes de alta variedad.

 

«No es casualidad que en este año, que fue uno de los peores para nosotros, se hayan lanzado 18 nuevas variedades: es el motor de la genética, que sigue funcionando y que para 2020 genera una expectativa de mucho crecimiento», resaltó.

 

A continuación, Pontacuarto reveló números sobre las tendencias en el mercado, que señalan que las variedades «Top 10» ocupan el 60% de todas las requeridas por los productores año a año. «Esta tendencia se fue consolidando en los últimos tiempos -destacó–, ya que desde 2005 a 2010 los grupos de calidad pedidos estuvieron entre el 2 y el 3, mientras que en los últimos años tuvieron mucha más importancia los grupos 2 a 1, con un índice de calidad promedio de 1,83. Esto indica que se fueron eligiendo variedades de más calidad con destino a molienda».

 

En relación a los fertilizantes, Pontacuarto resaltó que la reducción del 24% del área sembrada en la última campaña no fue acompañada por una menor compra relativa de estos productos, pues ésta disminuyó en un 22%. «Esto significa que el que sembró trigo, lo hizo con las mismas dosis de fertilizante que el año pasado», indicó.

 

Por su parte, Panza centró su charla en la protección de cultivos. «Especialmente las malezas son una preocupación constante, porque todos los años aparecen cosas nuevas, tolerancias, etcétera, y las empresas estamos trabajando en nuevos productos, que tengan más espectro y mejor perfil ambiental», señaló. Para combatir estos flagelos, recomendó además un manejo integral, con rotación de cultivos y de productos.

 

Por otro lado, Panza advirtió que la protección contra hongos será clave este año. «Debemos evitar la contaminación con micotoxinas porque nos veda el acceso a mercados: Brasil ha bajado el nivel de las micotoxinas tolerables, alineados con lo que ocurre en Europa», indicó.

 

«La virulencia que estamos teniendo con las enfermedades es tremenda, y creo que este año vamos a terminar con 3 tratamientos de fungicidas», añadió.

 

Panza contextualizó la problemática en la región señalando que Uruguay aplica 4 tratamientos al año y Brasil de 4 a 6. «Aquí no podemos limitarnos a una sola aplicación porque si al cultivo no lo agarra una enfermedad, lo agarrará otra», advirtió.

 

«Dos millones de nuestras hectáreas pueden tener una alta producción, creemos que podemos alcanzar 14 toneladas de rendimiento en esa área, y eso requiere un manejo inteligente del cultivo, y los profesionales están en condiciones de hacerlo», señaló Panza, para luego concluir: «El trigo es un alimento de alto valor, y China y Brasil quieren mejores alimentos. Nosotros tenemos altísima potencialidad para producirlo, y tenemos que aprovecharlo».

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