Exitosa experiencia ganadera en el semiárido de Santiago «extrapolable» a Córdoba

  • Por Juan Carlos Vaca
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Los 9 campos del Grupo CREA Semiárido Norte exhiben una producción promedio de 51,5 kilos de carne por hectárea.k

Duplican a los productores tradicionales, de 20 a 30 kilos de carne por hectárea que hacen producción con pasturas. Y ni qué hablar si la comparación se traza con los productores que tienen vacas exclusivamente campos de montes, dónde el indicador baja a 5/10 kilos por hectárea.

Si estos dos grupos alcanzaran los 51,5 kilogramos de carne por hectárea logrados en promedio por el CREA, la cuantificación económica de ese salto productivo equivaldría a una recaudación impositiva provincial adicional de 4.368 millones de pesos anuales.

Una masa de dinero que al Estado santiagueño le permitiría realizar:

*2.184 kilómetros de rutas por año;

*O 29 hospitales de primer nivel;

*U 873 escuelas;

*O 4.368 kilómetros de acueductos por año.

Visualizar el potencial ganadero

Estos «números» fueron mostrados durante una Jornada de Tranqueras Abiertas realizada en la Estancia El Mangrullo, cercana a la localidad de Lavalle y a la ciudad de Frías, organizada por la Región Córdoba Norte de CREA, a la cual pertenece el Grupo Semiárido Norte.

La reunión fue convocada con la idea de tornar visible y tangible «el potencial ganadero del semiárido», que expresan cabalmente las nueve explotaciones, teniendo por delante un techo mucho más alto que el ya alcanzado.

Una concurrencia de más de 300 personas ilustró acerca del interés que despertó la apelación motivadora de la reunión. Y de que hay gente con expectativas de avanzar en la misma dirección. Vale apuntarlo: una buena cantidad viajó desde la provincia de Córdoba.

El Ingeniero David Rubin, coordinador de la Región, estima que los logros del Grupo Semiárido Norte «podrían ser extrapolables» a una proporción importante de productores ganaderos del arco Norte, Noroeste y Oeste del territorio cordobés, cuyos índices se asemejan a los más bajos de sus colegas santiagueños y, por consiguiente, se encuentran lejos de la meta lograda por los productores del CREA.

El clima no fue un aliado

La zona con epicentro en Frías registra un promedio de 650 milímetros lluvias. En los ciclos 2005/2006, 2006/2007 y 2007/2008 estuvieron algo por encima de la media. En las campañas 2008/2009, 2009/2010 y 2010/2011 se ubicaron por debajo. O sea, los últimos tres años no se desenvolvieron bajo las mejores condiciones. En no pocos casos hubo que sobrevivir con 400 milímetros.

Sin embargo, allí están los 51,5 kilogramos de carne por hectárea para demostrar que la estrategia y el manejo de la explotación no sólo pueden hacerle frente a la adversidad climática sino también que es posible salir airoso en esa permanente lidia del productor con el clima. Y las políticas, no demasiado inclinadas en largos períodos a fomentar su actividad, carentes de una clara visión de ese «potencial ganadero».

El Dr. Vet. Diego Figueroa –asesor técnico del Grupo organizador- expuso una «radiografía» de los nueve establecimientos del CREA. Totalizan 80.572 hectáreas, de las cuales 51.868 (el 64,4 %) están con pasturas y en 6.269 (el 7,8 %) se practica agricultura. Cuentan, entre todos, con 25.663 cabezas vacunas. Las empresas ocupan a 110 empleados directos.

Sinergia entre agricultura y ganadería

El promedio de producción de carne, como se ha apuntado, se ubica en 51,5 kilos por hectárea: los campos con más bajo indicador se sitúan en 41 kilos y los más altos entre 56 y 61 kilos. Ocho de los establecimientos hacen cría y recría de hembras, tres trabajan la recría de machos, dos incursionaron en el engorde a corral, cuatro han acoplado la actividad de cabaña. De los nueve establecimientos ocho hacen agricultura y uno, incluso, se atreve a trabajar un tambo. En tres campos se ha incorporado el riego suplementario. Las pasturas implantadas son Gatton Panic, Texas, Biloela, Molopo y Grama Rodhes.

En porciones que no superan el 10 % del total de los campos se cultivan sorgo, maíz, poroto y soja, incluyéndose en ese porcentaje superficies de maíz y sorgo forrajero para picado.

El resultado económico global, «mixturando agricultura con ganadería, hacen sinergia por la disminución de fletes de la agricultura y la potenciación de la producción de kilos: de ese modo el planteo es el que mejor balance está dando a la par que muestra más estabilidad ante la variación de precios», indicó el asesor técnico.

Próxima meta: 120 kilos por ha.

¿Y cuán amigable es el planteo que aplica el Grupo CREA con el medio ambiente de la región? «Está de acuerdo con la ley de ordenamiento territorial (de bosques nativos), que establece que se debe dejar un área de montes, libera una superficie para desmonte selectivo o sea rolado de bajo impacto, también permite implantación de pasturas y hectáreas de agricultura. En El Mangrullo el desmonte total (para hacer agricultura) representa menos del 10 % de la superficie, en un 50 % hay pasturas y el resto queda como monte sin tocar», explica Figueroa.

En El Mangrullo «en algo menos del 10 % de la superficie se ha hecho desmonte total, en un 50 % se implantaron pasturas y el resto queda como monte sin tocar».

El establecimiento es uno de los que llegó a los 60 kilogramos de carne por hectárea y «tiene planificado que en un plazo de 5 años, con incorporación de pasturas y suplementación energética y proteica, tiene que alcanzar los 120 kilogramos por hectárea».

O sea, hay todavía un horizonte vasto para crecer. «La fórmula es trabajar en equipo y buscar las mejores alternativas en este negocio que ha sido bastante poco estable en los últimos años, para pasar la sequía y los bajos precios», puntualiza.

Y en Córdoba, cómo estamos?

¿Qué impide que en el arco Norte-Noroeste de Córdoba pudiera lograrse resultados parecidos? El ingeniero Rubín interpreta que Santiago del Estero ha practicado una política «mucho más permeable a la producción» sin descuidar la preservación del bosque, estableciendo «reglas de juego claras» que «no se están dando en Córdoba».

En ese marco, difícilmente «se puedan alentar las inversiones» que son necesarias para que la ganadería en esas regiones de Córdoba progrese y empiece a superar índices de parición que «hoy no pasan el 50 %».

Eso explica que «en pleno furor de la cría (por los precios a que trepó)», se choque con cifras de decrecimiento de la ganadería que no obedecen únicamente a que las lluvias no hayan acompañado en los últimos tiempos. Desde la zona de Jesús María hasta el límite con Santiago y desde Tulumba hasta Mar Chiquita, los planes de vacunación acusaron una merma del 15 % en el 2009 y del 9,8 % en el 2010. El 2011 continúa la tendencia.

Sin embargo, lo visto y oído en El Mangrullo, corroboran «el potencial ganadero del semiárido». En Córdoba, como se ha dicho, no debiera ser distinto.

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